Hace unos días estuve hablando con un amigo. Estuvimos hablando de muchas cosas, de la vocación, de nuestra espiritualidad, es ahí cuando llegamos al apostolado. Muchas veces me había puesto a pensar sobre la experiencia del apostolado y la obligación de hacerlo y esque yo lo veía así en un momento de mi vida. Hablo de una obligación, algo así como, "para cumplir con Dios" pero la verdad es que el apostolado de ninguna manera es eso.
Ya con el tiempo en que fui meditando más acerca de esto, gracias sobre todo a las circunstancias que el Señor fue poniendo a lo largo de ese tiempo, y pude entender por fin la riqueza y el verdadero sentido del apostolado. Y me di cuenta que la razón por la cuál no entendía el verdadero sentido del apostolado era porque mi vida espiritual no era tan intensa como debía serlo. Esque la vida espiritual está intensamente relacionada con el apostolado, son inseparables.
Es ahí, en el encuentro con el Señor, en una vida espiritual ardorosa, constante y profunda donde nace el apostolado. Cuando hablaba con este amigo le daba el ejemplo del "tesoro la perla y la red" (Mt. 13,44) Esque precisamente el apostolado es real y da frutos cuando hemos tomado conciencia de que nos hemos encontrado con un tesoro, con "el tesoro". Por ello es que a mi parecer el apostolado nace a partir de darnos cuenta que nos hemos encontrado con un tesoso de verdad y de tener una vida espiritual intensa, de lo contrario no vamos a encontrarnos con el Señor y no vamos a poder transmitirlo sino transmitirnos a nosotros mismos y eso no es apostolado. Un ejemplo cotidiano seróa el siguiente: cuando nos pasa algo bueno, sacamos alguna buena nota, hemos resuelto algún problema o nos hemos ganado algo, la lotería, cualquier cosa y sentímos esa alegría, lo primero que hacemos es contarlo a los demás, a nuestros familiares, a los que más queremos porque queremos transimitir esa alegría. El apostolado es exactamente lo mismo, transmitir la alegría de nuestra vida, de nuestra nueva vida y de haber encontrado la respuesta a nuestros anhelos más profundos, de haber encontrado a Alguien que ES la respuesta.
Hay muchos ejemplos que corroboran que el apostolado es fruto del encuentro con el Señor y de esa desbordante alegría, y no de una "obligación". Yo sólo voy a mencionar dos, los dos que más me gustan.
El primero es el de la Virgen. Después de haber tenido esa experiencia tan gozosa de La Anunciación y de tener al Verbo encarnado en su vientre, y, al instante, sin demora se va a los cerros de Judá a visitar a su prima Santa isabel narra la Escritura (Lc. 1,39). La Virgen no demora, sale al instante, ello es por el encuentro que ha tenido con el Señor, que encuentro tan gozoso -ya lo expresará más adelante en su magnificat (Lc. 1,46-55). A pesar de las dificultades que pudo haberse encontrado. Santa Isabel vivío en una zona montañosa, en una zona rocosa de Judá, no era sencillo llegar hasta ahí. La Virgen vence todas esas dificultades y sale al encuentro de su Prima para anunciarle al Señor.
El segundo ejemplo que voy a mencionar es del apóstol Andrés -hermano de Simón Pedro - (es una de las citas que más me gustan, pero valen las suspicacias de que lo puse porque también me llamo Andrés). Andrés había estado siguiendo a Jesús por la palabra de Juan, despues de haberse quedado con Él todo el día (Jn. 1,39), va donde su hermano Pedro y le dice: "Hemos encontrado al Mesías" (Jn. 1,40-41). Andrés después de haberse encontrado con Jesús, sale a anunciarlo pero a anunciarlo como El Mesías, como lo que estaban esperando hace tanto tiempo, como la verdadera respuesta para sus vidas. Lo que tanto habían estado esperando por fin pudieron encontrarlo.
Esa es mi experiencia, por eso me gusta tanto esa cita, después de haber estado buscando tanto y tanto, en tantos lugares, por fin encontré la respuesta a la vida, lo que estuve esperando siempre y desde esa alegría de haberlo encontrado es que trato de salir al encuentro de los demás para anunciarlo y decir que sí vale la pena ser hombre porque Cristo fue hombre.
Ya con el tiempo en que fui meditando más acerca de esto, gracias sobre todo a las circunstancias que el Señor fue poniendo a lo largo de ese tiempo, y pude entender por fin la riqueza y el verdadero sentido del apostolado. Y me di cuenta que la razón por la cuál no entendía el verdadero sentido del apostolado era porque mi vida espiritual no era tan intensa como debía serlo. Esque la vida espiritual está intensamente relacionada con el apostolado, son inseparables.
Es ahí, en el encuentro con el Señor, en una vida espiritual ardorosa, constante y profunda donde nace el apostolado. Cuando hablaba con este amigo le daba el ejemplo del "tesoro la perla y la red" (Mt. 13,44) Esque precisamente el apostolado es real y da frutos cuando hemos tomado conciencia de que nos hemos encontrado con un tesoro, con "el tesoro". Por ello es que a mi parecer el apostolado nace a partir de darnos cuenta que nos hemos encontrado con un tesoso de verdad y de tener una vida espiritual intensa, de lo contrario no vamos a encontrarnos con el Señor y no vamos a poder transmitirlo sino transmitirnos a nosotros mismos y eso no es apostolado. Un ejemplo cotidiano seróa el siguiente: cuando nos pasa algo bueno, sacamos alguna buena nota, hemos resuelto algún problema o nos hemos ganado algo, la lotería, cualquier cosa y sentímos esa alegría, lo primero que hacemos es contarlo a los demás, a nuestros familiares, a los que más queremos porque queremos transimitir esa alegría. El apostolado es exactamente lo mismo, transmitir la alegría de nuestra vida, de nuestra nueva vida y de haber encontrado la respuesta a nuestros anhelos más profundos, de haber encontrado a Alguien que ES la respuesta.
Hay muchos ejemplos que corroboran que el apostolado es fruto del encuentro con el Señor y de esa desbordante alegría, y no de una "obligación". Yo sólo voy a mencionar dos, los dos que más me gustan.
El primero es el de la Virgen. Después de haber tenido esa experiencia tan gozosa de La Anunciación y de tener al Verbo encarnado en su vientre, y, al instante, sin demora se va a los cerros de Judá a visitar a su prima Santa isabel narra la Escritura (Lc. 1,39). La Virgen no demora, sale al instante, ello es por el encuentro que ha tenido con el Señor, que encuentro tan gozoso -ya lo expresará más adelante en su magnificat (Lc. 1,46-55). A pesar de las dificultades que pudo haberse encontrado. Santa Isabel vivío en una zona montañosa, en una zona rocosa de Judá, no era sencillo llegar hasta ahí. La Virgen vence todas esas dificultades y sale al encuentro de su Prima para anunciarle al Señor.
El segundo ejemplo que voy a mencionar es del apóstol Andrés -hermano de Simón Pedro - (es una de las citas que más me gustan, pero valen las suspicacias de que lo puse porque también me llamo Andrés). Andrés había estado siguiendo a Jesús por la palabra de Juan, despues de haberse quedado con Él todo el día (Jn. 1,39), va donde su hermano Pedro y le dice: "Hemos encontrado al Mesías" (Jn. 1,40-41). Andrés después de haberse encontrado con Jesús, sale a anunciarlo pero a anunciarlo como El Mesías, como lo que estaban esperando hace tanto tiempo, como la verdadera respuesta para sus vidas. Lo que tanto habían estado esperando por fin pudieron encontrarlo.
Esa es mi experiencia, por eso me gusta tanto esa cita, después de haber estado buscando tanto y tanto, en tantos lugares, por fin encontré la respuesta a la vida, lo que estuve esperando siempre y desde esa alegría de haberlo encontrado es que trato de salir al encuentro de los demás para anunciarlo y decir que sí vale la pena ser hombre porque Cristo fue hombre.
1 comentario:
Al respecto te compartó una parrafo que me gustó mucho del libro "jesús, centro de mi vida" pag. 39.
Encontrándome con Él y trabando amistad con Él, voy interiorizando la realidad que soy y abriéndome hacia los demás como testigo de una existencia auténtica que dé testimonio y anuncie la verdad del Señor Jesús, brindando así a través de una eficaz conciencia misional un apostolado que ayude a otras personas a ingresar en un proceso de amorización tal como el que me ha lelvado a centrarme en el Señor y a proclamar, como lo hace el Apóstol, "mi vida es Cristo". ¿No es esto la vida cristiana?
GRANDE LF...
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